En algunas regiones de México, se acostumbra que los niños contesten al llamado de un adulto con un “mande” o “mande usted”. Mis padres nunca me educaron para responder “mande” ante su llamado, así que un simple y llano “qué” era más que suficiente.Siendo aún un niño, fui a visitar a mis abuelos en la Ciudad de México (nací y he vivido en Monterrey desde siempre) y fue con mis abuelos donde recibí mi primer corrección de cómo –según ellos– se le debe contestar a un adulto: no se dice “qué”, se dice “mande“.
Quiero pensar que ésta manera “correcta” de contestar, tiene su origen en la época de la colonia española en México, cuando algunos indígenas contestaban al llamado de cualquier español con un “lo que asté mande patroncito”.
Traigo a colación este tema, porque hace algún tiempo a mi hijo lo regañó su maestra por responder con un “qué” en lugar de con un “mande”. Cuando mi hijo llegó a casa y nos contó lo sucedido a mi esposa y a mí, inmediatamente le aclaré a mi hijo que él no estaba contestando incorrectamente, sino que su maestra simplemente creía que esa era una forma mal educada de contestar. Le expliqué que contestar con un “qué” era totalmente correcto; y le sugerí que le aclarara a su maestra, que yo le conté que no se dice “mande”, se dice “qué”.
Cuando mi hijo me pidió explicación del por qué no se debe decir “mande”, le dije que la gente no debe quedar a disposición de lo que mande otra persona; responder con un “qué”, da la oportunidad de analizar qué es lo que desea la persona que nos ha llamado y decidir –de acuerdo a principios y valores– si ejecutamos su solicitud o no. Mi hijo al siguiente día le explicó a su maestra la situación y la maestra no hizo más que respetar con un “si tu papá cree que eso es correcto, pues entonces está bien”.
Talvez parezca algo de poca importancia, para mí no lo es; pues creo que principalmente a los niños se les debe enseñar que tienen poder de decisión sobre si mismos y no que otras personas pueden disponer sobre ellos.
El punto focal es: ¿quién puede garantizarle a un niño, que no corre peligro al ponerse a disposición de un adulto?
La respuesta es “nadie” y por eso es mejor decir “qué” en lugar de un “mande usted”.













